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ANDREA REPETTO
"Motivando el ahorro previsional"
20/9/2004



Las personas tendemos a dejar para mañana lo que nos cuesta hacer hoy, aun cuando sea beneficioso hacerlo ahora. ¿Cuántas veces hemos planeado empezar una dieta, dejar de fumar, ir al gimnasio… el próximo lunes? Asimismo, somos excesivamente optimistas sobre nuestra capacidad para llevar a cabo nuestros planes en el futuro cercano. Volviendo al ejemplo, luego de hacernos la promesa de portarnos bien el lunes, ¿cuántas veces efectivamente comenzamos la dieta, dejamos el cigarrillo y empezamos a ejercitar en el día planeado? Estos ejemplos son triviales. Sin embargo, la tendencia a postergar los planes atenta no sólo contra la capacidad de portarnos bien en lo simple, sino que también contra la voluntad para emprender tareas tan importantes como el ahorro para el largo plazo. La previsión es una de las decisiones más relevantes a efectuar a lo largo de la vida: conseguir fondos para financiar unos 20 años sin ingresos laborales y minimizando pérdidas en la calidad de vida. Sin embargo, sabiendo que nos conviene prepararnos para la jubilación, a muchos nos resulta más cómodo empezar mañana. Esta dificultad confabula con el hecho de que tomar decisiones y actuar de manera acorde es costoso, y de que estos costos varían en el tiempo, por lo que existe un valor en la opción de esperar a cuando éstos sean menores.

El sistema de capitalización chileno evita que estos tres elementos – la dificultad para decidir, la falta de fuerza de voluntad y la opción de esperar – lleven a los trabajadores dependientes a no acumular para su jubilación. Como ellos no tienen que tomar una decisión de participación y de contribución, no se enfrentan a la disyuntiva de si ahorrar o no, de cuánto aportar ni de cuándo empezar y, por lo tanto, no tienen espacio para dejar el problema para mañana. Sin embargo, existe un número importante de chilenos que participa muy poco en el sistema: los independientes, empleadores, inactivos, informales y quienes trabajan sin percibir una remuneración. Para ellos la decisión de afiliación y cotización es voluntaria. Una encuesta reciente realizada por el Ministerio del Trabajo y la Universidad de Chile muestra que sólo un 22,6% de los independientes y un 49,5% de los empleadores cotiza en el sistema previsional. Estas cifras contrastan con el 86,5% de los empleados y obreros que sí contribuye. Las bajas tasas de reemplazo y de densidad de cotización, junto con el aumento en la esperanza de vida, deben preocuparnos: el Estado deberá asumir en algún plazo el costo de las pensiones mínimas.

¿Cómo motivar a estas personas a ahorrar desde temprano? Propongo aprovechar la inacción y la inercia para promover el ahorro en vez de desmotivarlo. Para ello es necesario que los planes ofrecidos tengan el diseño correcto. Afortunadamente la experiencia internacional nos indica que hay maneras de hacerlo con efectividad. El principio fundamental es reconocer que nos cuesta cambiar el statu quo – nos cuesta decidirnos a hacer un par de llamadas, averiguar de qué se trata el APV y comenzar a utilizarlo, aunque nos hayan dicho muchas veces que es conveniente. Luego, si en el statu quo estamos todos inscritos, lo que va a costar es sentarse a pensar si conviene o no salirse. Lo mismo sucede con el monto de la contribución: si el plan base tiene prefijada una tasa positiva, pero que puede ser cambiada, lo más probable es que todos quienes se adscriban al plan escojan esa tasa para no tener que pensar en cuál es la óptima. Otra manera – menos paternalista – de conseguir resultados es que las personas deban tomar una decisión activa dentro de un plazo dado. Una propuesta simple y concreta consiste en asignar (aleatoriamente) a todos quienes cumplen 25 años a una AFP y darles un plazo de 30 días para acudir a las oficinas de la administradora a firmar un formulario. El sólo hecho de ir a la AFP los obligará, si no están afiliados y cotizando, a pensar en su jubilación y tal vez a tomar una decisión activa al respecto. En ese momento se les puede ofrecer un plan simple y atractivo, como descontar un monto fijo de su cuenta corriente o de su tarjeta de alguna casa comercial todos los meses. Por pequeño que sea, el aporte será relevante si la alternativa era no ahorrar nada.

Un beneficio importante de estos métodos de promoción del ahorro es que son mucho más baratos que los subsidios y rebajas de impuestos, pues éstos deben darse a todos, incluyendo los que ya participan. Sin duda que estas propuestas no lograrán que todos se hagan parte del sistema. Tampoco es óptimo que todos contribuyan todo el tiempo y menos en la misma proporción: una pareja de jóvenes que está formando familia y que tiene deudas, un desempleado y una persona cercana a su jubilación, tienen necesidades de ahorro de corto plazo distintas. Asimismo, hay personas que no tienen problemas de fuerza de voluntad y ya han resuelto su plan de ahorro previsional. Para ellos la existencia de estas ofertas no impone costos ni reduce su bienestar. Por último, es crucial que el mercado que administra los fondos sea competitivo, pues la inercia de los ahorrantes puede permitir a los oferentes cobrar comisiones demasiado altas. En fin, lo importante es que estos mecanismos, simples y baratos de implementar, tienen el potencial de atraer al ahorro a muchos de los que hoy son reacios a participar. La lección para las autoridades y para quienes ofrecen vehículos de ahorro es que no existen planes neutrales: el diseño base tiene efectos importantes sobre las decisiones de las personas. Ellos tienen en sus manos la capacidad para motivar tasas de ahorro razonables y asegurar el futuro previsional de los trabajadores chilenos.