MARÍA CECILIA CIFUENTES
"Hacia una flexibilización laboral efectiva y eficiente"
29/11/2004
Uno de los temas de mayor interés en Chile es cómo recuperar las tasas de crecimiento de la llamada “docena dorada” (1986-1997). Al mismo tiempo, un objetivo común es aliviar la situación de pobreza en que vive cerca de un millón de familias. Pues bien, una mayor incorporación de la mujer a la fuerza laboral podría colaborar en el logro de ambos objetivos. Veamos algunas cifras para clarificar lo anterior. En Chile la participación laboral femenina es cercana a 36%, en comparación con cifras en torno a 70% en los países desarrollados. Eso significa que hay cerca de dos millones de mujeres que podrían trabajar y no lo hacen. La incorporación de la mitad de ellas significaría un aumento de la fuerza laboral de 16%. Si suponemos que la productividad media de este grupo fuera la mitad de la productividad promedio de un trabajador chileno, el PIB aumentaría en 10%. Pero además, una mayor incorporación femenina ayudaría a aliviar la situación de pobreza, considerando que estudios recientes muestran una correlación elevada entre salir de la pobreza o extrema pobreza y la ocupación de la jefa de hogar. Se podría contra-argumentar que falta medir el costo que conlleva el que la mujer descuide el cuidado de los hijos, lo cual es obviamente un punto importante, pero que únicamente refuerza la importancia de la flexibilidad laboral, especialmente para el trabajo femenino.
Analicemos primero la opción de un trabajo de medio día. Esta posibilidad es óptima no sólo para las que debemos o queremos trabajar, sino también para aquellas que han optado por ser dueñas de casa, y cuentan con tiempo disponible que podrían utilizar en trabajar fuera de la casa, ya sea para colaborar con el ingreso familiar o para desarrollar habilidades que están siendo subutilizadas. Debemos considerar que en general los niños van al colegio en las mañanas, por lo que no se produce un costo para la sociedad por la ausencia de la madre en esas horas. Es evidente entonces que existe una ganancia elevada para la familia si la mamá trabaja durante ese tiempo. Esta no es sólo monetaria, si consideramos la satisfacción que genera la posibilidad de realizarse profesionalmente y tener mayor independencia. Sin embargo, no sólo gana la familia, sino también la empresa y principalmente la sociedad. Si decimos que existen beneficios para la mujer y la familia derivados de un trabajo parcial, entonces a cambio de esa posibilidad se sacrifican ingresos en algún grado, en el sentido de aceptar una menor remuneración por hora trabajada respecto a un trabajo de día completo. Además, y dado que la realización profesional es importante, se hace también el máximo esfuerzo por entregar lo mejor de uno en ese tiempo más reducido. Dicho con lenguaje técnico, la productividad por hora de ese medio día es seguramente más elevada que la productividad de un día completo.
Por otra parte, en compensación a la posibilidad de poder compatibilizar mejor el trabajo y la familia, es muy probable que la mujer “se ponga la camiseta”, y entregue mayor tiempo y dedicación de lo que correspondería a una media jornada estrictamente hablando. Ahí se encuentra entonces el beneficio para la empresa, ya que contratando mujeres con jornada parcial tendrá trabajadoras productivas, realizadas y agradecidas, y además, muchas veces a un costo menor que una mujer día completo, si se corrige por productividad. Parece evidente entonces que existen ganancias para la mujer y también para la empresa. Pero los beneficios no terminan ahí. La sociedad es la gran ganadora, ya que es obvio que para los hijos es mejor un trabajo parcial que uno de día completo. A pesar de que se diga que lo importante es la calidad y no la cantidad, es muy difícil entregar calidad en un tiempo reducido. Además, debemos agregar la ganancia para la sociedad generada por las dueñas de casa que se integran a un trabajo de medio día, entregando al país un aporte valioso, ahora inexistente. Los beneficios son tan evidentes, que se justificaría que el Estado entregara incentivos a este tipo de trabajo, ya sea a través de un menor impuesto a la renta, o con subsidios a la empresa que contrate bajo esta modalidad. Esto no debería tener un impacto negativo en las arcas fiscales en el mediano plazo, ya que se compensaría con el aumento de la fuerza laboral, el mayor crecimiento económico, y la mayor recaudación global que trae consigo. Es seguro que para el Estado también terminaría por ser beneficioso a la larga.
Se podría contra-argumentar que muchas veces la opción del medio día no es factible para la operación normal de la empresa, pero también es cierto que podría llegar a serlo si se incentivaran formas de trabajo combinado. Esto abriría una fuente de ingresos a otro grupo que está fuera del mercado laboral, como son los estudiantes o las personas mayores, que tampoco pueden o quieren trabajar todo el día. El comercio o el sector servicios en general se presta perfectamente para el trabajo combinado, en que dueñas de casa pueden trabajar en la mañana, y luego ser sustituidas por estudiantes u otros en la tarde. Esta opción es además una muy buena alternativa para familias de bajos ingresos, que podrían mejorar su situación con el trabajo parcial de sus integrantes. Se requeriría, en todo caso, una mayor calidad y cobertura de la educación preescolar y de salas cunas, lo que tendría un doble beneficio, ya que está demostrada la importancia que tiene la educación en esa etapa para el desarrollo posterior de los niños.
En conclusión, la sociedad para ser mejor requiere de personas íntegras, que muchas veces deben realizar más de un rol de gran importancia, como es el trabajo fuera de la casa y la familia. Si las mujeres pueden cumplir de mejor forma ese rol, no sólo se benefician ellas, sino principalmente los hijos. Debemos como sociedad dar todas las facilidades para que esto sea posible, y todos nos beneficiaremos. Esto quiere decir, en lenguaje técnico, que permitir y facilitar el trabajo parcial es desde el punto de vista económico un “óptimo paretiano”.