PAUL FONTAINE
"Eficiencia Económica"
22/11/2004
El país ha sufrido una merma cercana al 40% en su tasa de crecimiento en los últimos cinco años, respecto al 7% de la década pasada. Esta baja es en parte atribuible a problemas microeconómicos. Me centraré en dos de esencia tributaria que, en mi opinión, son de fácil solución y tendrían importantes efectos positivos en el crecimiento y en las expectativas de los agentes económicos en el largo plazo.
1.- Rebaja unilateral de aranceles:
Es claro que el comercio es bueno para el país en su conjunto, haciendo que oriente su producción hacia sus ventajas comparativas con respecto al resto del mundo, produciendo más de aquellos productos que produce más barato en términos relativos y menos de aquellos que produce más caro. Asimismo, cuando se integran los mercados financieros se producen beneficios adicionales, pues se perfeccionan los mercados y bajan los costos de los productos financieros y bancarios.
Una rebaja de aranceles desde la tasa de 6% general a 1% generará un aumento en el nivel del PIB a lo largo del tiempo de 3%, el cual sería sólo por una vez y no año tras año. Esto lo baso en que el comercio exterior representa el equivalente a nuestro PIB, y las ganancias por eficiencia de orientarse a los productos en que tenemos dichas ventajas comparativas no pueden exceder, por definición, al monto de la rebaja de arancel; si fuera más, el país no estaría produciendo acorde a los precios relativos imperantes.
Por otra parte, ayuda a corregir el pernicioso subproducto que tienen los tratados bilaterales hoy vigentes, consistente en el desvío de importaciones desde países que sin aranceles pueden vendernos sus productos más baratos, hacia otros con productos más caros o de peor calidad, pero que, debido a dichos convenios, entran a Chile sin aranceles. En tal sentido, para minimizar este costo y mantener los indudables beneficios que tienen los tratados en términos de generación de comercio, especialmente para los exportadores, sería prudente legislar esta nueva escala de rebaja unilateral de aranceles desde el 6% imperante, a 1% el 2010, bajando 1% al año para no afectar en el corto plazo la recaudación fiscal. ¡Esta sí que sería una meta loable para el bicentenario!. Lo bueno de esta rebaja unilateral es que minimiza los posibles costos del desvió del comercio, beneficiando a los consumidores sin perjudicar a los exportadores.
2.- Reforma tributaria:
Hace falta una reforma tributaria que a lo menos (i) elimine el impuesto de timbres y estampillas, (ii) rebaje la tasa marginal del impuesto a la renta de las personas a una que sea a lo máximo equivalente al de las empresas, y (iii) que sólo grave a las utilidades repartidas (dividendos) por las empresas. Estimo que dichas reformas -vía mejoramiento del mercado de capitales y un aumento en las inversiones de las empresas- contribuiría en otro 1% al crecimiento del PIB anual.
El “costo” de estas medidas es una menor recaudación del fisco en el corto y mediano plazo, lo cual no es necesariamente un costo si es que ello conduce a eliminar proyectos, programas y gasto corriente ineficientes. Un aumento del déficit fiscal -que sería transitorio, pues el mayor crecimiento del país promovido por estas medidas más que lo financiaría en el largo plazo— es financiable por el Estado chileno vía un mayor endeudamiento. En efecto, la deuda pública externa asciende al 8% del PIB, lo cual es bajo incluso para los estándares de países desarrollados. Asimismo, emitir BTU 20 en el mercado nacional a la tasa imperante de UF + 4,2% anual para financiar esta rebaja transitoria de impuestos es una oportunidad histórica en cuanto a costo.
El monto a financiar llegaría a cerca de un 5% del PIB, monto que sería bien recibido por las AFP, compañías de seguros de vida que necesitan más instrumentos largos, e inversionistas externos. Otro beneficio no menor de este aumento transitorio del déficit fiscal, es que obligará a una disciplina fiscal futura. Los gobiernos, al igual que las empresas y las personas, actúan mejor y más responsablemente bajo la presión de tener una deuda que pagar.