JOSÉ MANUEL SILVA
"Por un nuevo mercado de capitales"
08/11/2004
La ola de colocaciones accionarias y de bonos en nuestro mercado de capitales ha recordado la inmensa ventaja competitiva que le otorga a nuestro país en relación a muchas otras economías emergentes que no poseen un stock de ahorro de largo plazo en moneda local. Estas colocaciones se traducen en empleos, inversiones e infraestructura. Una parte relevante de nuestro crecimiento económico de los últimos 15 años se debe a que las empresas han logrado financiar su expansión con acciones o bonos locales y miles de familias han adquirido una casa a través del financiamiento hipotecario. Nuestro mercado de capitales es único en Latinoamérica. Seguir completándolo, sofisticándolo y conectándolo con el mercado mundial, permitirá a nuestro país crear un polo adicional de desarrollo (un “cluster”) y creará miles de empleos directa e indirectamente. Debemos convertir a Santiago en una ciudad exportadora de servicios financieros para la región.
La base actual es un buen punto de partida, especialmente desde la reforma de capitales I que corrigió distorsiones. Pero es urgente una nueva reforma a nuestro mercado de capitales que contenga lo siguiente: Integración total con por lo menos el mercado de capitales norteamericano y ojalá con el de otros países del G-7; aumento de la competencia, consecuencia del punto anterior pero también eliminando el concepto de “giro” único”; reingeniería de los entes supervisores y reguladores de nuestro mercado de capitales y de la filosofía que sustenta su accionar; reingeniería del sistema AFP; modernización de los sistemas de apoyo, infraestructura y gobiernos societarios.
El primer punto es una redefinición radical del concepto de oferta pública. Hoy, sólo se puede hacer oferta pública de instrumentos registrados en nuestro mercado a través de la Superintendencia de Valores y Seguros. Una integración total de nuestro mercado al mundo requiere que se pueda ofrecer a inversionistas chilenos cualquier instrumento registrado en países G-7. La pérdida de soberanía regulatoria podría compensarse al firmar un nuevo capítulo relacionado en los TLC firmados con países del G-7 que garantice un mínimo de información a las autoridades chilenas.
El segundo punto parte de la base que la savia de cualquier industria de calidad mundial es la competencia. Ella genera innovación y disminución de costos y productos financieros de última generación a los inversionistas chilenos y regionales que usen a Chile como plataforma financiera. Es por ello que insistimos en el punto 1. Lo anterior contribuye a bajar costos de transacción (aumenta la rentabilidad del ahorro), incrementa la oferta de productos y sofistica al inversionista local.
Para aumentar la competencia debemos cuestionar el concepto de giro único, reemplazándolo por uno basado en actividades. Por ejemplo, se debería definir la actividad de administración de dinero de terceros. Las instituciones que realizan podrían ofrecer fondos mutuos, fondos de inversión, cuentas de ahorro previsional obligatorio y voluntario o administración de carteras individuales. Se puede requerir más o menos capital en la eventualidad que el ente desee ofrecer más o menos productos. Esto maximizaría la competencia. Toda la discusión sobre si es conveniente que la banca entre a la industria de las AFP quedaría zanjada. Lo importante para los ahorrantes chilenos es disponer de la mayor gama de oferentes chilenos o extranjeros para maximizar la rentabilidad de sus ahorros al menor costo.
Lo anterior redefine la industria de fondos de pensiones y abre el ahorro previsional obligatorio a nuevos actores que cumplan con ciertos requisitos. Las AFP dejarían de ser de giro único y pasarían a ser “administradores de fondos”, pudiendo ofrecer fondos mutuos o administración de carteras individuales. Ello conlleva la redefinición de los entes regulatorios. Debiéndose crear una Superintendencia de mercado de capitales (SMC), fusionando a la actual Superintendencia de valores y seguros con aquellas funciones de la super de AFP relacionadas con inversiones. La SMC debería tener un estatuto de autonomía similar al banco central y entre sus objetivos básicos debería estar el desarrollo y modernización del mercado de capitales. Cada año debería explicar ante el senado qué ha hecho para desarrollar nuestro mercado de capitales, haciéndolo más transparente, más competitivo, más líquido, más integrado al mundo, más profundo y con mejores gobiernos corporativos e infraestructura.
Es clave modernizar las regulaciones del sistema de ahorro previsional obligatorio. El primer cambio, ya mencionado, consiste en abrirlo a cualquier ente que cumpla con una nueva ley de administradores de fondos de terceros. Ello contribuiría a disminuir costos y poner en el centro del debate la calidad del administrador de dineros. Lo anterior ayudaría a crear en Chile un cluster de administración de activos pudiendo servir la región. El segundo cambio requiere una redefinición del concepto de regulación de las carteras de ahorro previsional obligatorio desde el actual y limitado concepto de límites máximos de inversión a uno más moderno y sofisticado de diversificación de riesgos. Esto pasa una vez más por una modernización de los entes regulatorios.
Chile puede permanecer en la frontera de la innovación financiera mundial, creándose miles de empleos y consagrándonos como uno de los principales centros financieros regionales. Nuestras empresas tendrían costos de capital cada vez menores, los ahorrantes gozarían de una gama de alternativas de inversión sin precedentes a bajos costos y las familias podrían acceder de tasas hipotecarias más bajas fruto de la integración de nuestro mercado de renta fija con el mundo. No hay por donde perderse.