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A fines de 1976, atendiendo la situación aflictiva por la que atravesaba tanto la Universidad como la Facultad, un grupo de egresados decidió reorganizar la Fundación, dándole una base sólida que comenzó a dar frutos a través de un programa de becas para especializar profesores en el extranjero y apoyar la docencia en la formación de nuevas generaciones.

Así, en agosto de 1976 asume la presidencia del Consejo Washington Cañas y la Fundación adquiere un gran dinamismo. A través de comidas con las cuales se celebraban los años de egreso de las distintas promociones, se da inicio a una serie de actividades destinadas a reunir periódicamente a los ingenieros comerciales de la UC. La alta convocatoria que alcanzan estas reuniones, que se realizan hasta hoy, demuestra el espíritu de compañerismo y amistad que prevalece entre los egresados y su interés y cariño hacia la Facultad y la Universidad.

En 1977 se realizan por primera vez las Jornadas Anuales, en las que un grupo de destacados expositores, entre profesores y egresados de la Facultad, analiza temas de gran interés nacional, lo que lleva a reunir en ocasiones a más de seiscientas personas.

Pronto, estas actividades comienzan a volcarse en beneficios tangibles en favor de la Facultad. A fines de la década del setenta la Fundación toma como tarea prioritaria contribuir a la formación de nuevos profesores. En abril de 1978 la Fundación otorga la primera beca de post-grado a egresados con vocación académica, quienes asumen el compromiso de volver como profesores de jornada completa a la Facultad.


Desde entonces, la Fundación ha financiado siete becas completas al extranjero y participado de manera relevante en el financiamiento de los programas de post-grado de muchos otros estudiantes, los que casi sin excepción han permanecido en la planta docente, ya sea en jornada completa o parcial.

A mediados de 1981 surge la idea de dotar nuevamente a la Facultad de un edificio que ofreciera las facilidades para desarrollar la docencia e investigación a la altura de una escuela que aspira a ser la mejor de Chile y una de las primeras de América Latina. El proyecto toma fuerza a fines de 1983 cuando Matko Koljatic, en su calidad de presidente de la Fundación, encabeza las negociaciones con la Universidad, la que ofrece en pago del 42% de la venta del Campus Los Dominicos un inmenso edificio en obra gruesa en el Campus San Joaquín.

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